Sobre mí

De la profundidad del agua al Yoga del Gozo

Nací en Zaragoza un viernes 13 de enero de 1961, hijo de Cecilia y Antonio, dos almas que me enseñaron, sin palabras, el valor de lo esencial.

Desde muy pequeño sentí una atracción natural hacia el silencio, hacia esos espacios donde la vida se revela más allá del ruido. La soledad nunca fue ausencia, sino un lugar de encuentro, una forma de escuchar.

Esa misma escucha fue llevándome, casi sin darme cuenta, hacia el cuerpo y la respiración. En mi juventud, el agua apareció como un maestro: la natación, el waterpolo y, más adelante, el buceo, me enseñaron a confiar, a sostenerme en lo invisible, a habitar el instante desde dentro.

De forma natural, ese camino continuó en las artes marciales —karate y aikido—, donde el movimiento y la presencia comenzaron a unirse. Y, con ello, llegaron también los primeros espacios de quietud consciente. Sentarme en silencio no era un esfuerzo, sino un regreso.

Al mismo tiempo, una curiosidad profunda me abrió a otros mundos: los libros de esoterismo, el chamanismo, las tradiciones antiguas… Egipto, los toltecas, Don Juan, Lemuria, las Diosas Negras. No eran solo ideas, sino reflejos de algo que ya intuía dentro.

Los viajes, el mar Mediterráneo y el buceo a pulmón libre siguieron afinando esa relación íntima con la respiración, que hasta hoy continúa siendo una guía constante.

Y en paralelo, la fotografía surgió como una forma de mirar y compartir: capturar lo invisible en lo visible, encontrar lo poético en lo cotidiano, revelar el alma de los espacios.

Con el tiempo, todo empezó a unirse de manera natural. No como piezas separadas, sino como partes de una misma experiencia que iba tomando forma desde dentro.

Así fui reconociendo el Yoga del Gozo.
No como algo creado,
sino como una vía que siempre había estado ahí,
esperando ser vivida.

Una forma de habitar el cuerpo, la respiración y la conciencia desde la presencia y la sencillez.

El yoga no se limita a la práctica física, sino que invita a vivir con plenitud. Un yoga que no busca llegar a ningún lugar, sino recordar lo que ya somos. Un yoga donde el movimiento, la respiración y la conciencia se encuentran… y, en ese encuentro, aparece el gozo.

Retrato relacionado con Bhoga Yoga Práctica y trayectoria de Bhoga Yoga

Mi camino en la profundidad del gozo

Experiencia

Formación y trayectoria en Yoga

Mi camino en el yoga comienza en la Escuela de Formación de Profesores de Yoga y Yogaterapia, de la mano de Pilar Índigo. Es ahí donde doy mis primeros pasos como profesora, bajo su tutela. Durante esos años, alterno la enseñanza del yoga con la jardinería, hasta que en 2012 un accidente me lleva a replantearme profundamente la vida y a elegir dedicarme por completo al yoga.

Con el tiempo, mi formación se va enriqueciendo a través de distintos encuentros y maestros que dejan huella en mi manera de comprender y transmitir esta práctica.

En Arun, Tacto Consciente —Zaragoza, 2024—, me formo con Anubudha y Anasa, discípulos de Osho, integrándome posteriormente en su equipo de formadores. En este mismo espacio, profundizo también en Yoga Nidra y Arun de la mano de Neelam.

Mi búsqueda continúa ampliándose con el Eneagrama y el Sufismo, junto a Abdul Karim Baduino, una experiencia de la que más tarde nacería “Shin Kai, El Corazón del Océano”.

En el ámbito del Vedanta Advaita, estudio con Sesha, en una inmersión en el instrumento mental que me lleva, de forma muy viva, a aprender a “enamorarme del presente”.

También me adentro en Prana Vidya junto a mi amigo Danilo Hernández, incorporando una comprensión más sutil de la energía y la respiración.

En 2022 germina, junto a Javier Tomás, la idea de Bhoga Yoga.

El concepto de “Yoga del Gozo” nace como una vía femenina, integradora, suave y profundamente adaptable a cualquier circunstancia humana. Frente al “más” masculino —más fuerza, más flexibilidad, más apertura—, la vía tántrica femenina se revela, para mí, como una forma inevitable de dar respuesta a las tensiones actuales de la persona y de la sociedad.

«El Yoga del Gozo nace de esta escucha: de aprender a habitar la vida sin prisa, con el corazón abierto y la conciencia despierta«